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Una argentina arribando al viejo continente

Por: Marina Gomel 

Un viernes normal, como cualquier otro viernes. Argentina. Buenos Aires. Suena el celular, es un mensaje de WhatsApp. El mensaje decía algo como: “Está la posibilidad de irte a hacer un voluntariado a Italia, durante un año. Tenes dos días para decidir”. Revolución interna. Mil cosas pasan por mi cabeza.  

A los dos días, después de consultarlo hasta con la almohada, respondí “Dale, hagámoslo“, sin imaginar la locura que se avecinaba. Trámites, papeles y más trámites, el 30 de octubre estaba arriba del avión. Ya no me quedó otra que caer en la decisión que había tomado. 

Catorce horas de vuelo y seis horas de tren parecen suficientes para ir imaginando lo que va a pasar, como va a ser la ciudad. Bolzano. Llegué y me buscó Magdalena, con su sonrisa enorme y el auto listo para que llegara a mi tan añorada cama. Llegué, es un departamento hermoso, y dos compañeras alemanas que me reciben con comida. Todo parece perfecto. Me acuesto y tengo problemas para dormir, pero lo logré, porque no había dormido desde hace más de quince horas. 

Al otro día arranqué bien temprano, conocí a Magdalena, la chica simpática con la que había intercambiado mil mails, que me buscó en la estación y que resultó ser mi mentora. Me llevó a beber chocolate caliente y conocer los aperitivos locales y las riquísimas castañas. Conocí a Patrick, el que es mi supervisor, que resulta ser una persona asombrosa, con una capacidad de empatía que sorprende. Y junto con él a todos los que son mis compañeros de trabajo, que cada uno resultó ser mejor que el otro. 

Al principio me “chocó” el saludo con la mano, la cantidad de cafés que toman por día, y que al ir a comer la pizza individual sea una porción enorme. Estas son las cosas con las que he aprendido convivir. Después de una semana me he dado que cuenta que todo esto ha llegado a ser muy lindo.  

Llegó el primer fin de semana, y ya tenía un primer plan: Comic Day in Lucca. Un evento largo, casi eterno, pero que me dio la posibilidad de conocer gente y nuevos lugares.  

El lunes arranqué mi primera semana de trabajo. Estaba nerviosa, ansiosa, con una mezcla de sensaciones. Resulta que no había motivos para estar nerviosa, el ambiente es muy relajado, y los chicos me recibieron de una manera hermosa. Luego, el jueves próximo tuve la reunión en Trento, con la asociación Inco. Iba pensando que sería aburrida y larga. Para mi grata sorpresa resultó ser un encuentro excelente para conocer gente que está haciendo el voluntariado como yo. También me sirvió para poder desenredar la maraña de sentimientos, sensaciones, emociones que se te mezclaron en el cuerpo a lo largo de esos primeros diez días. 

Y llegué al día hoy, 16 de noviembre, sabiendo que lo que me espera va a sorprenderme, y sé que voy a vivir en una montaña rusa de emociones los próximos once meses, pero ya estay tranquila porque sé que cuento con un montón de personas que no dudan en darme una mano. Parece idílico, lo sé, pero así es como lo describo todo. 

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