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EVS: Lo que nadie me dijo

Por: Israel Pulido

Han pasado ya ocho meses desde que llegué a Trento,Italia para formar parte del proyecto Broader, a través del Servicio de Voluntariado Europeo (SVE) para formar parte del equipo de trabajo de la asociación InCo, en el campo de la comunicación, principalmente.

Dentro de mi trabajo diario, el cual me encanta, me toca asistir a escuelas a hablar sobre mi experiencia como voluntario extranjero. De mis primeras participaciones hasta la mas reciente, hace dos semanas, me volví significativamente consciente de algo que al inicio no sospechaba; la pérdida de la familia SVE.

Aun recuerdo el segundo día de mi arribo a esta hermosa ciudad, extremadamente limpia, con un ambiente de ancianidad pero a la vez un càlido clima de frescura impregnado a través de la energía juvenil que ofrecen los miles de estudiantes provenientes de diversos pueblos. Previo a mi arribo, una voluntaria francesa se había puesto en contacto conmigo para programar una reunión y tomar alguna bebida junto a los otros voluntarios. Su nombre es Margot, justo como “Dispara Margot Dispara”,mi programa mexicano de radio favorito. ¿Una casualidad?

Caminaba hacia la plaza principal, con mapa en mano y una brújula mental completamente disfuncional que me ha hecho perderme en mi propia ciudad, en mi propia casa. Llegué a la esperada reunión, acompañado de esa adrenalina que alimentaba un motor de emociones nuevas. Sabia que tenia que buscar un grupo multicultural en algún bar cercano. Prestaba atención y por fin logré encontrarlos.

El grupo parecía bastante serio, incluso un poco retraído. Luego de presentarme amablemente, hice gala de mi habilidad social para romper el hielo a través de comentarios de alta intensidad sexual. Algunos enrojecieron. Esa era la intención, bajar las barreras que se presentan ante un grupo nuevo, para así poder conversar mas fluidamente. Aquella tarde, en aquel bar, estaba concentrada una parte importante del mundo, mediante la representación de su gente, de su idioma, de su cultura, al mismo tiempo que se fusionaba con la cultura italiana mientras bebíamos un Spritz.

Alemania, Austria, Hungria, España, Ecuador, Francia y México conversaban amenamente. Argentina se nos unió después. Si las reuniones diplomáticas se llevasen a cabo de la misma manera en que lo hicimos nosotros, los voluntarios, seguramente careceriamos de guerras y de conflicto estúpidos. En ese momento y en esa conversación nos sabíamos diferentes, nos sabíamos nomadas intelectuales, pero estábamos ahí, juntos, compartiendo y respetando siempre las ideas y el bagaje personal de los demás. Esa noche encontré una nueva familia.

Pero así como todo camino que inicia, también lleva a un final. Luego de unos meses fantásticos en los que compartimos millones de cosas, el primer miembro tenia que decir adiós a esta tribu tan polifacética. No sabia y no estaba preparado para ese momento, nadie me lo advirtió.

Margot tuvo que regresar a casa. Eso fue triste por que en nuestro grupo ella era el sol, el sol que con su gigantesca energía mantenía reunido a todos los planetas. Gravitábamos a su alrededor porque es ese tipo de mujer cálida que le gusta tener cerca a los suyos, y ante semejante simpatía era difícil rechazar tal invitación. Decirle adiós fue difícil, tan difícil como un mexicano usando un baño turco por primera vez. Pero su partida no podía ser una herida profunda, sino un tatuaje invisible que nos acompaña a través de su recuerdo. Hoy un pedazo de mi corazón mexicano se encuentra en Francia, en vistas de emprender nuevos viajes a nuevas tierras.

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